lunes, 20 de agosto de 2012

El poder de la ilusión


Tantas historias se han contado desde el final, que el principio queda turbio muchas veces. Se han erigido castillos de palabras, palacios de imaginación y hojas enteras con grafías de impotencia.
Cuentan que en el principio de todo, una flor brotó allá donde el sol nunca llegaba a brillar, y el agua jamás llegaba a regar los suelos. En las más extrañas condiciones creció radiante, sin complejo alguno, y tras el amparo del tiempo buscó cobijo donde solo existía llanura.
Fueron años felices a pesar de las circunstancias los que esta flor pasó en su primera juventud, pero tras tanto tiempo comenzó a sentir un vacío, algo que ni el rocío de la lluvia podía llenar, y que ni la tierra misma podía amamantar.
Intentó crecer más y más, hasta ver si solo había existido ella en un lugar donde no le correspondía nacer, pero por más altura que obtenía, nada cambiaba la situación.
El tiempo la fue arrugando, la fue haciendo decrecer, extinguirse en ella misma, ya que el peso de la soledad y los días se hacían cada vez más llevaderos para alguien que la fortuna le sonrió, aunque quizá solo fuera de soslayo.
Cuando todo parecía perdido, y sus flores no brillaban ya con fulgor ninguno, fue descendiendo su tallo. Bajó sus hojas hacia la sombra de su muerte, y entonces el viento le susurró algo antes de que desapareciera: "No estés triste por nacer en un lugar que no llegas a comprender, sé feliz porque vives y quién sabe si tal vez, puedas llegar a volver a ver". La flor, algo insegura, no supo bien cómo definir aquello que había sentido, pero algo la impulsó a seguir con vida y tras unos pocos años, empezó a ver que donde antes había un gran vacío, comenzaban a brotar miles y miles de flores, entonces recordó las palabras del viento, y al mirar de nuevo hacia arriba con renovada energía escuchó nuevamente.
"De tu ilusión ha crecido la esperanza, da igual el vacío que creas sentir, con esfuerzo todo puede cambiar, y no hace falta para ello morir".

Shaëdor