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martes, 21 de mayo de 2013

Sillón

Permanece inmóvil, impasible
ante el trasiego del gentío.
Muchos fueron los que se acomodaron en él,
tal vez por poder,
otros por la desidia y la pereza.

De muchos aspectos gozó,
en sus orígenes un arte arcaico,
mas todo cambia con el tiempo,
lo que se hizo en piedras
en madera más tarde se convirtió.

Ya Hefesto la usó para su plan,
y Perséfone la cuidó durante seis meses.

No es más que parte de una comodidad,
algo que muchos creerían una bendición.

Soy solo lo que se hizo de mí,
un simple sillón.


Shaëdor

martes, 23 de octubre de 2012

Las Termópilas


Nos reclama Ares
como siervos de su espada.
Llegan sus palabras
con la reverberancia de Eolo
y respondemos a su llamada
con los tambores de guerra.
Desafiaron a la temeridad
y hoy la temeridad acuidará a las puertas.
Los éforos auguran nuestra derrota
pero no llegan a ver
cuántos comerán con nosotros en el Hades.

Somos solo trescientos
pero nuestros escudos saben bien
que un millar de ellos nos odiarán por tal fortaleza,
nosotros solo detestaremos no morir con más hermanos.

Han venido buscando agua,
y les haremos tragar acero.
Han reclamado tierras
mas gozarán de ellas en la otra vida.

Que giman sus vástagos
y griten sus mujeres,
cada paso será una agonía
y cada muerto nuestro
un estertor de su fin.

Alzad las lanzas lacedemonios.
Comienza el banquete de sangre,
Selene nos acoge en sus sombras
mientras Helios muestra diáfano
la cruda cara de la muerte,
ante la osadía persa.

lunes, 20 de agosto de 2012

El poder de la ilusión


Tantas historias se han contado desde el final, que el principio queda turbio muchas veces. Se han erigido castillos de palabras, palacios de imaginación y hojas enteras con grafías de impotencia.
Cuentan que en el principio de todo, una flor brotó allá donde el sol nunca llegaba a brillar, y el agua jamás llegaba a regar los suelos. En las más extrañas condiciones creció radiante, sin complejo alguno, y tras el amparo del tiempo buscó cobijo donde solo existía llanura.
Fueron años felices a pesar de las circunstancias los que esta flor pasó en su primera juventud, pero tras tanto tiempo comenzó a sentir un vacío, algo que ni el rocío de la lluvia podía llenar, y que ni la tierra misma podía amamantar.
Intentó crecer más y más, hasta ver si solo había existido ella en un lugar donde no le correspondía nacer, pero por más altura que obtenía, nada cambiaba la situación.
El tiempo la fue arrugando, la fue haciendo decrecer, extinguirse en ella misma, ya que el peso de la soledad y los días se hacían cada vez más llevaderos para alguien que la fortuna le sonrió, aunque quizá solo fuera de soslayo.
Cuando todo parecía perdido, y sus flores no brillaban ya con fulgor ninguno, fue descendiendo su tallo. Bajó sus hojas hacia la sombra de su muerte, y entonces el viento le susurró algo antes de que desapareciera: "No estés triste por nacer en un lugar que no llegas a comprender, sé feliz porque vives y quién sabe si tal vez, puedas llegar a volver a ver". La flor, algo insegura, no supo bien cómo definir aquello que había sentido, pero algo la impulsó a seguir con vida y tras unos pocos años, empezó a ver que donde antes había un gran vacío, comenzaban a brotar miles y miles de flores, entonces recordó las palabras del viento, y al mirar de nuevo hacia arriba con renovada energía escuchó nuevamente.
"De tu ilusión ha crecido la esperanza, da igual el vacío que creas sentir, con esfuerzo todo puede cambiar, y no hace falta para ello morir".

Shaëdor

lunes, 25 de junio de 2012

El silencio de la juventud


Como le recuerdo, me parece que esté tan vivo y presente que algunas veces dudo si realmente debo decir le recuerdo. Fue el invierno, ese frío invierno de manos gélidas el que paralizó mis ideas en el breve instante en que sus ojos se clavaron tan llenos de vida y realmente tan etéreos, que no supe qué decir, salvo llorar. Su sonrisa era distinta, nunca había sonreído así, parecía una contradicción, cómo unos ojos podían fingir una cosa y sus comisuras transmitir otras, eso es un misterio que jamás llegaré a desenmarañar.
En el pueblo no se oía otra cosa, todos hacían corrillos y hablaban en susurros sobre cómo podía haber sido él. Solo tenía veintiún años y estaba en la flor de la vida, aunque el hielo solo oxidó el corazón que latía apenas inerte tras los sucesos del largo verano.
El rojo fuego, la mirada lasciva, los pechos tersos y cálidos ante las gotas de sudor que perlaban su escote, aquella sonrisa traviesa y dulce que acunaba con unas palabras tan lóbregas como insinuantes, esa, esa fue su perdición.
Recuerdo que él anhelaba esa figura joven, una muchacha algo más pequeña que ella, pero que sin embargo, ya poseía dos corazones, pues hacía tiempo que él, no quería vivir con un corazón que no le pertenecía.
Oculto en la oscuridad, siempre velaba por ella, ya que nunca tuvo el arrojo necesario para hacer hablar a sus tímidas palabras. Sus ojos, parecían brillar como si vieran a una estrella fugaz, e incluso su instinto más primario, parecía alzarse para saludar con alevosía a su musa y señora. Eso fue lo que acabó con él.
Al llegar el final del verano, tras la llegada de las primeras huestas del otoño, ella enfermó, enfermó de amor por una codicia, el vil dinero y las sucias aspiraciones, hicieron que creciera en ella lo que estuvo floreciendo en su juventud.
Él, harto de ver como ella recorría no solo las calles, si no casas y demás lugares con el fin de pintar una sonrisa en el rostro y agrandar su riqueza efímera, decidió actuar en consecuencia.
En el final de las hojas, cuando el último árbol lloró la pérdida de su vestigio de esplendor y quedó totalmente desprotegido, un agudo grito inundó el lugar. Las calles parecían querer acallar tal espanto lleno de dolor y tristeza, pero a la gama de marrones se sumó el rojo líquido y espeso de una muerte.
Ella apareció en el suelo, le había extirpado su sexo y la boca de la joven estaba repleta de dinero, a su lado, como si fuese otra hoja más acaida por el frío próximo, había una nota ensangrentada: "Te di mi corazón y sin embargo, lo cambiaste por dinero, jamás quise pagar por tus servicios, sino tu sincera compañía, ahora que no puedo me llevaré lo que tanto dinero te dio y por ello te pago, aunque no sea suficiente para expiar tus pecados cuando ya te hayas ido".
El joven, aquel que jamás había llegado a hablar con ella, había sido su ejecutor, su verdugo en medio de la calla angosta y tenebrosa que ahora era el lecho en donde tantas veces había yacido y en donde jamás volvería a ponerse en pie.
Así fue como a la llegada del invierno, comenzó a palidecer. Los médicos auguraban que no vería un nuevo año, y es que parecía estar inerte, sin un plausible latido de corazón, pero antes de marcharse dejó una nota y esta su historia, que yo solo rememoro como me pidió.
"He amado, he visto y he matado, sin embargo, no recibí amor ninguno, no fui visto por nadie y jamás viví, lo más estúpido que hice fue dar mi corazón, y ahora que apenas tengo voz tras tanta lágrima derramada, tú serás mi voz, ya que cuando vuelva con ella, ella será mi condenación."


                                                                                                                                  Shaëdor

miércoles, 30 de mayo de 2012

Némesis




Corre cuando el temor
es la única bandera que aún hondea en cada corazón.
Llora ante lo inevitable
y expira la última lágrima cuando el final se acerca.

Recuerdo todo lo acontecido
cuando siendo un solo niño
observé la muerte en el cielo
y la salvación en el subsuelo.
Hoy soy solo yo el que vive,
la única esperanza para una raza
que se consume en su propio fuego,
en su propia locura
que no es si no su destrucción.

jueves, 10 de mayo de 2012

Faetón



Soy el hijo del sol,
y sin embargo no lo creo.
Deseo tanto la verdad
que ella me matará.
He ido a saber si era cierto
lo que yo dudaba y no creía
mas ahora no solo lo sé,
sino que la laguna Estigia
sería mi cómplice
en un viaje suicida.
He cogido las riendas del día,
y no ha sido tal mi pavor
como estúpida mi acción suicida.
Tomé el peso en mis brazos
mas las piernas no me resistirían,
ellos han calibrado mi peso,
y Zeus el fin de mis días.
Yo cogí su carro
con el que desaté el pánico en el cielo y la tierra,
que desbocado el rayo de Zeus hallé.
Yo soy Faetón, hijo de Apolo,
ahora a pesar de todo lo sé.

                                                                                                                              Shaëdor

domingo, 6 de mayo de 2012

Nocturno

Fluye en el compás del tiempo
las gotas de un amanecer vacío,
en donde todo se deshizo
tras la alegría del rocío.

Aguarda en clave de Sol,
las preguntas que se adormecieron
entre el pentagrama mustio de mi habitación
y las corcheas del destino.

Quizá, deba reir
cuando todo parece perdido,
mientras el sonido me abraza tenue y frío
y la vida no es si no
una inmensa disonancia.
                                                                                                          Shaëdor

domingo, 29 de abril de 2012

Un amor silencioso

Mi deseo está tan frío
como caliente son mis pensamientos.
Amo tanto a la quietud
que abrazado la penetro tranquilo.
No come ni habla,
mas sé bien que antes estaba vivo.
Mi instinto se desata
como lo hace mi pasión por sus labios.
Estremezco en el placer
de ver como parado
parece gemir,
si en cada uno de mis impulsos
creo que vuelve a sentir.
No estoy loco aunque lo crean,
pero no puedo reprimir mi placer
aunque de un muerto sea.

                                                                            Shaëdor


Dalí - Los tigres


Todo ser devorado,
regresa de nuevo a la vida,
en un grito ahogado
con un gesto de ira.

Pasiones y deseos encarnados
en aquella misión suicida
portando la mortal arma,
amando a mi enemiga.

Probé la Granada de Hades,
y ahora he vuelto del Averno,
hallé en tu playa la soledad
cultivada con los años,
regadas con las lágrimas
de una libertad que hoy se me muestra.

No hay nadie que pueda vencerme
cuando de venganza se trata,
no hay mujer que pueda quererme,
cuando la vida ya no es mía
y entre tus dedos el aliento se me escapa. 



                                                                                                                                Shaëdor

Ártemis


Nacida en la incertidumbre
bajo el hospicio de la única palmera,
asistió de comadrona a su hermano gemelo.
Ataviada de flechas y aljaba
mora los bosques con su cortejo,
siendo la guía de las vírgenes,
asistiendo a todos los animales.

Ella es la reina de la noche,
esculpida en su frente lleva la media luna
oculto bajo su peplo el amor de Endimión
y más allá,
la castidad y austeridad de una mujer pulcra.

Fue ella misma la castigadora de las nióbides,
la culpable de la demora a Troya,
brazo inquebrantable que expulsó a Calisto
y que fue vista por Acteón
aunque más tarde sus perros se lo cobrarían.

Varó en un amor que ella puso fin
tras la treta de su hermano
en donde acertó al lejano Orión
aunque no supo ver su rostro en el mar.

Cruel y despiadada con aquellos que no la veneran
aguarda tras los árboles
la llegada de la noche,
en donde oculta su rostro
tras sus pulcras pisadas.




                                                                 Shaëdor




                                                                           

La pasión




Ajusticia con su mano
la pasión del hombre
en pos del señor.
Atormenta su figura en soledad
con los cuervos de la carroña
mientras ve que su mano cede
entre el llanto de los estafadores que le flanquean.

Quisieron hacer ver
que todo rey sangra
a pesar de la sangre
que liberaron por Él.

Así se extingue el calor
ante el acero que le hizo libre,
así murió Él,
entre los clavos del miedo,
el fervor del pueblo
y el temor de los diferentes.

"Resquiescam in pace, todos aquellos
que algún día con perdón
acogeré en mi seno".

                                                                          Shaëdor

Cohabitación pacífica



Una vez pensé,
en las dos palabras que te diría.
Tres veces dudé
por los cuatro amores pasados,
y cinco veces vi,
que mi sexto sentido no me valdría,
pues si existen siete maravillas,
puede que tú seas la octava
de mi novena sinfonía,
de mi décimo mandamiento
el cual escribí sin contar,
ya que tengo miedo de sumar
y ver que todo es mentira,
que me equivoqué nuevamente
al multiplicar mi afán,
con restas que me dejan
dividido una vez más…

                                                                     Shaëdor

Princesa

Princesa de aquel cuento sin final.
Soñadora de un príncipe que nunca existió.
Ilusionada con ser rescatada de tu locura.
Atrevida contemplando el cielo con tus tristes ojos
esparces al aire cada lágrima tuya.
Echas a volar tus sueños ya que nunca serás libre,
imaginas un mundo más allá de los muros que te atan,
buscas el canto de una voz sorda;                 
desgarras tu desollada voz en un papel,
intentas borrar con tus labios los te quiero que jamás pusiste,
pretendes olvidar las fantasías de tenerlo a cada instante.
Estás sumergida en la nostalgia,
simplemente deseas decir eso que tanto te cuesta,
quieres gritar al viento cada letra de su nombre.
Únicamente lloras para pronunciar lo que sabes que te hará feliz,
desahogada y airada consigues decir entre exhalaciones:
“deseo que no haya llegado tarde.
Por fin me doy cuenta de los muros que tengo ante mí,
son simples dudas de mi cabeza,
son simples distracciones que me impiden estar junto a ti.
Siento no haberlo dicho antes, pero si he de morir,
prefiero hacerlo sin sufrir,
estando día y noche más enamorada aún de ti".


                                                                                   Shaëdor