Floto en el vacío infinito.
Divagando delirios de pensamientos banales
sobre fluctuaciones cósmicas
y astros fugaces.
No hay lugar para la pérdida
en dónde
el tiempo se detiene
en crisálidas
de polvo y aire.
Sueño,
vuelo.
Allí
donde jamás otra mente
logro llegar.
Allí
estoy.
Rodeado de nada y
silencio.
El silencio más perfecto,
etéreo
y sin impurezas
jamás oído por cualquier alma perdida
en una calma inexorable.
Siento, experimento.
Es sólo
mío.
Un pequeño
paraíso perdido
oculto tras la niebla opaca
de la razón
del hombre.
No hay vuelta atrás,
no hay camino que devuelva los pasos
allí
a donde todo es tangible.
Permanezco, vacío.
Por siempre.
Vacío.
Eterno.
C.P. de La Fontaine
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