miércoles, 27 de marzo de 2013

Double me.



-Eh Frank, échame un poco más, me estoy quedando seco.
-Las que se están quedando secas son las neuronas, pero toma, supongo que remojarlas en whisky ayuda a que sea rápido e indoloro.
Vertió la preciada veta de oro líquido en el vaso redondo y transparente y sus ojos se iluminaron por un momento, como si se tratase de lluvia en el desierto, sol en la tempestad. Pero ese brillo de las pupilas pronto desapareció, enturbiado por el licor que atravesaba su garganta, fluyendo hacia el cerebro. Combustible para la máquina.
-¿En qué crees tú Frank? Quiero decir, no en esas mierdas de dioses, destino, karma, amor y porquerías de ese estilo.
-Vaya, cuanta porquería, sí que hay mierda esparcida por el mundo entonces.
-No te hagas el gracioso, esto es serio. Bueno, no lo es, pero es importante para un borracho. Es lo más importante a parte de la botella.
Miró a Frank, que seguía apoyado en la barra contemplando la etiqueta de la botella que acababa de vaciar para él, como si quisiera descubrir una conspiración entre las letras de esta. Frank se giró y le miro con una sonrisa.
-Yo no creo. Sabes, es lo mejor, creer en las cosas al final acaba decepcionándote. Únicamente creo en las personas, en realidad más que eso, creo en su capacidad para cagarla una y otra vez, sin parar, a todas horas, por todo el planeta. Piénsalo, es reconfortante saber que todo está jodido, aunque sea estúpido, y que nos damos por culo entre todos una y otra vez, metafóricamente hablando claro. Desde el otro lado del mundo alguien te está jodiendo fuerte por detrás, y tú ni te enteras. Lo mejor que puedes hacer es joder a alguien tú también, por lo menos así estás entretenido.
-¡Coño! El borracho hecho mierda y pesimista soy yo. Ya puedes pedir otra botella, porque esto no arregla nada.
-¿No has tenido suficiente con una botella?
-Mira, nunca nada, es suficiente. La existencia es insuficiente por sí misma, así que deja que acabe con la agónica forma de subsistencia del whisky, al fin y al cabo para eso se inventó, para que se acabara ¿no?
-Deberías irte a casa, darte una ducha y dormir todo lo que puedas.
-No quiero, no sin ella.
Frank le hizo un gesto al camarero y este trajo otra botella de Jameson. Le quitó el precinto y la dejo sobre la mesa.
-Creo que has bebido mucho y durante demasiado tiempo del mismo sitio, es hora de olvidar.
-Por eso bebo joder, qué te crees. Los buenos lloran, los cabrones bebemos hasta que se nos secan las lágrimas.
-Se ha ido tío, y no va a volver, reza para que no lo haga, porque entonces sí que estarás bien jodido. Hasta el fondo.
-¿No lo ves? El problema es que sigue dando vueltas aquí dentro, en mi cabeza y no quiere salir. Por eso tienes que rellenarme el vaso, tenemos que ahogarla -esta vez no le pidió a Frank la botella, la cogió el mismo y llenó en cristal vacío hasta que una cortina dorada lo cubrió todo. Dio un largo trago.- Le di todo, pero parece ser que no fue suficiente. ¿Ves? Todo es insuficiente, nada satisface, nada llena, todo acaba, o lo que es peor, ni si quiera empieza.
-Lo que mal empieza mal acaba. Era peligrosa para ti, intente advertirte, ya hablamos sobre ello. Es peligrosa para cualquiera, de hecho, deberías estar agradecido de que ya no esté.
-¿Y si ese peligro es lo que me hacía vivir?
-Yo te veo muy vivo, bebes como un campeón.
-Calla, no tienes ni idea.
-Lo cierto es que no, pero ¿por qué me preguntas entonces?
-Porque si hablara solo me echarían del local, por borracho, pusilánime y esquizofrénico.
Ambos se rieron, Frank contemplando la etiqueta de la botella y él su vaso que volvía a estar medio vacío.
-¿Hay más mujeres peligrosas por ahí?
-Millones, demasiadas diría yo, si no lo son todas.
-Supongo que podré a amar a otra, una que beba mucho, para poder ahogarnos juntos.
-Eso está bien, en compañía duele menos y el viaje se hace más ameno. Y podéis pagar el alcohol a medias, eso que nos ahorramos.
-Bien.
-Perfecto entonces.
Ambos se callaron. Rellenó por última vez su vaso, y bebió despacio, y con cada trago que daba la silueta de Frank iba desapareciendo, un poco más con cada uno, mientras este contemplaba la etiqueta, sin darse cuenta de que comenzaba a desvanecerse. Cuando acabó, Frank ya se había ido sin dejar rastro, sólo quedaba el taburete en el que había estado sentado, al que siempre volvía cuando era necesario. Al finalizar la noche únicamente permanecían en la barra unos billetes, unas monedas y una botella de Jameson por acabar.
C.P. de la Fontaine 

No hay comentarios:

Publicar un comentario