Sueño infecto, que rodeado de miseria
Se pudre bajo una niebla de
vehemencia.
Mientras unos ríen, otros sobreviven
En un mundo esculpido en
barbarie
Que no permite indulgencia a
nadie.
Crónicas teñidas
en sudor de sangre.
Vidas socavadas por una
maquinaria
Con combustible absolutamente
despreciable.
Vagabundos desposeídos de su nombre,
Putas que no cobran a nadie,
Autoestopistas sin equipaje,
Yonquis consumidos por el
hambre
Y niños jugando a ser hombres.
Crónicas teñidas
en sudor de sangre.
Mentes famélicas en días
sombríos
Oprimidas bajo su pesado yugo.
¿Hacía dónde
se dirige este,
Nuestro canto dormido?
C.P. de la Fontaine
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