martes, 19 de junio de 2012

Moribundo


Me ahogo
En un mar de nada.
Sumergido en la más solitaria
De las sonrisas amargas.

     Necesito una brisa de aire

¡Oh, nadie! Ven.

Sometido bajo la robusta
Columna de pétreo carmesí,
Me he visto a mí,
A mí mismo morir.

     No hay a quien amar.

Agonizante estrella surgida de ti.

Pero ya no sufro,
Pues vacío no estoy.
Azufre corre por mis entrañas
Ponzoñosas de cruel pasión.

     No se puede parar.

¿Es acaso esto el final?

Este alma ha caducado,
Su tiempo se ha marchitado.
Rota por una sensación,
Y enterrada por un corazón.

     Vuela por el vacío.

Alimenta tu interior.

Ya no lloro,
Por el contario río.
Nado en un temor enfurecido
Hacia un destino desconocido.

     Adiós querido calor.

¡Bienvenidos! Gritar.

La muerte no es sólo morir,
No es dejar de respirar
O caer rendido.
No es sólo quedarse dormido.

     ¡Lo he sentido!

Y creerme enloquecido.

Mi pecho oxidado chirría
En busca de un nuevo principio.
Y brota enterrado,
El tallo de lo vivido.
    
     Nadie podrá arrancarlo.

Saltar sobre un precipicio.

No derraméis lágrimas por mí,
Pues caerían en lo infinito.
No lo hagáis,
Pues todavía queda camino.

     He muerto,

Y he sobrevivido.

C.P. de la Fontaine

2 comentarios:

  1. I like it...
    Muy intenso y con organización expresiva.

    ResponderEliminar
  2. Gracias, se agradecen comentarios de vez en cuando. No dejes de leer y comentar. Un saludo desde la periferia cibernética.

    ResponderEliminar