Yo soy el
alquitrán de una colilla
y el fósforo
de las cerillas.
Porque el
alcohol prende
pero el
fuego quema.
No es amor,
es mi
estómago gimiendo
por algún
corazón;
es caníbal.
Soy el
corcho de la botella
que
aprisiona esa
dulce
embriaguez
que tanto anhelas.
No soy el arma
para hacer
la guerra,
soy la última
estocada de una vela
negra.
Tus risas se
inmolan en mi cabeza
como moscas
contra neones
en días de
niebla.
Pero no
grites,
no hay
prisa, el tiempo
no es más
que la espera.
En realidad te
deseo,
y enloquezco,
te veo y te
robo
el aliento
aún sin tu
consentimiento.
Soy esa idea
que te atormenta.
Nazco donde
tú te pierdes,
y muero
cuando nadie
enferma
Sabes,
que sin mí,
el
tablero no tendría reglas.
C.P. de la Fontaine
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